domingo, 25 de julio de 2010

Raulí

Pedalea conmigo por un Santiago otro, mientras se atora y tropieza al contarme de su vida universitaria en la facultad de artes, de sus correteadas por el parque forestal, de todos sus amigos que iban desdibujándose como acuarelas. Raulí es rojo, arrancó a Osorno a una pensión pobre donde La Gata y El Huiro hacían el amor en la cama de al lado. Canta canciones de libertad por el pasillo del Liceo y les habla a sus alumnas de igualdad, justicia y derechos, mientras vive en La Victoria con sus fantasmas y su perro Archivaldo. Bebe de mis años y cuida y protege siempre y aveces dice que me ama. Cuando pasamos por el gran elefante blanco Raulí se enmudece, se detiene, cierra los ojos pronunciando palabras secretas, suspira y sigue.


Carolina Erices Muñoz

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